domingo, 3 de junio de 2007

Ética periodística

Nos preguntamos ante la historia de Stephen Glass, que refleja con una fidelidad milimétrica la película "El precio de la verdad", cómo pueden suceder acontecimientos semejantes. Porque Stephen Glass, que confundió ficción y realidad en sus trabajos periodísticos para The New Republic, no ha sido ni el primero ni el último en saltarse la fina línea que separa la verdad de la mentira en el mundo del periodismo. Tanto Janet Cooke, con el reportaje premio Pulitzer Jimmi's World, como el más reciente Jayson Blair han elevado la mentira a la categoría de noticia, de tal modo que la popular enciclopedia Wikipedia ha creado un directorio específico para estos casos.
Pero, la gran pregunta que deberíamos hacernos es cuál es la causa de que se den situaciones semejantes. ¿Cómo un editor jefe permite que se publiquen historias sin ninguna base ni fundamento? Como demuestra la película, el problema está en las fuentes. Un charlatán que sabe manejar los recursos de la manipulación psicológica consigue enredar en sus redes a toda una redacción.
Escena de la película, en la que se puede observar
como S. Glass se hace con sus compañeros de redacción
Y, sobre todo, las rutinas de trabajo en los diferentes medios de comunicación acaban convirtiendo la comprobación de las fuentes en un trámite que se rellena rápidamente. Increíblemente, cuatro notas mal trazadas en un papel adquieren la categoría de verdad irreflutable.
Por otra parte, está la cuestión personal. Como apunta el actor Hayden Christensen en una entrevista en la que habla sobre su personaje en el portal De Cine, "Stephen Glass se sentía muy agobiado y pensaba que tenía que despuntar en su trabajo y ganar prestigio y dinero". La falta de temas que permitan lucirse al autor empuja a buscar mentiras más atractivas que la realidad circundante.
Y ahí surge otra gran pregunta, ya que ¿por qué razón nos negamos a aceptar que los temas más triviales, como puede ser la inauguración de una parada de autobús para un periódico local, o los problemas del alcantarillado de la calle X no son grandes noticias?
Un periodista debe, simplemente, dar cuenta de la realidad y es la necesidad creada de contar 'grandes cosas', junto con la desidia creciente a la hora de tratar las fuentes, las que colaboran para crear nuevos Stephen Glass.
Ante este desolador panorama, el periodismo multimedia, el mismo que desenmascaró las mentiras que Glass publicaba, se presenta como una especie de última esperanza. La comprobación de las fuentes es mucho más rápida (un simple click nos lleva a la verdad o a la mentira), lo que puede prevenir casos como éste.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

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